El estrés es tan antiguo como la humanidad desde el paleolítico nuestro cerebro lo usa para sobrevivir. El problema no es sentirlo: el problema es normalizarlo hasta el punto de no reconocer cuándo se convirtió en algo que daña la salud, las relaciones y la vida cotidiana.

El tráfico, los plazos de entrega, los roles en casa, la multitarea constante, todo se acumula en un sistema nervioso que no estaba preparado para tanto.

Karen González Tello, psicóloga, orientadora y coordinadora del Programa de Orientación Universitaria de la Universidad Piloto de Colombia, explicó en el programa Noches de Caracol de Caracol Radio la diferencia entre el estrés positivo, ese que nos impulsa a superar retos, y el estrés patológico, ese que se instala silenciosamente y empieza a deteriorar todo a su alrededor.

  • ¿Qué es el eustrés o estrés positivo? Es el estrés que tiene inicio y fin claros, una causa identificable y una solución posible. Nos activa, nos empuja y desaparece cuando el reto se resuelve. No es cómodo, pero es necesario y saludable.
  • ¿Qué es el estrés patológico? Es el que se vuelve constante, que uno normaliza con frases como «yo siempre he sido así». Afecta el sueño, la atención, el humor y las relaciones. Su peligro está precisamente en que muchas veces no lo sentimos, lo ven primero quienes nos rodean.
  • ¿Cuándo pedir ayuda profesional? Cuando el estrés lleva más de dos semanas presente, interfiere con la vida diaria o sientes que la situación te supera. Levantar la mano no es una señal de debilidad, es el primer paso para salir.

Sabías que el estrés y la alegría activan reacciones físicas casi idénticas en el cuerpo? Lo que cambia no es la sensación sino la información que tu mente le da a esa sensación. Karen explica cómo usar eso a tu favor.

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