Cada vez más personas se levantan en la mañana y lo primero que hacen es consultarle algo a la inteligencia artificial. Qué ponerse, qué comer, cómo responder un mensaje difícil. La IA responde rápido, está disponible las 24 horas y reduce la incertidumbre casi de inmediato. El problema no es usarla el problema es no saber cuándo parar.

Ese uso excesivo tiene un nombre en psicología: el efecto de la tercera persona, un fenómeno por el que tendemos a creer que los demás son más susceptibles a la influencia de ciertos mensajes o herramientas que nosotros mismos lo que nos lleva a bajar la guardia frente a contenidos que no hemos verificado.

Liliana Rueda, psicóloga clínica, docente y coordinadora del Centro de Atención Psicosocial de la Universidad Piloto de Colombia, analizó en la emisora FM los riesgos reales de depender de la inteligencia artificial para tomar decisiones cotidianas: desde la disminución del pensamiento crítico hasta la pérdida progresiva de habilidades como la escritura, la creatividad y la resolución de problemas.

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