Por: Luisa Fernanda Linares P.

Maestra en Artes Plásticas

Docente de Artes Plásticas – Área de Cultural UniPiloto

Como se sabe, el arte comercial, la venta de obras, exposiciones con fines de lucro, galerías que buscan el intercambio entre artistas y coleccionistas han sufrido un gran impacto por la llegada del famoso Coronavirus.

El 2020 aunque permitió que la creación en los artistas se incrementara, la parte psicológica jugó un gran papel en la mente de los mismos, afectando la comunicación de su cerebro, ojo y mano, impidiendo la destreza a la hora de dibujar o pintar. Era contradictorio al pensar en buenas ideas para producir una obra, pero no poder realizarlas en su gran magnitud.

Las galerías y ferias de arte buscaron promover las obras virtualmente, algunas lograron tener éxito, pero otras no, puesto que el arte es mejor evidenciarlo, sentirlo, vivirlo personalmente y no tras una pantalla donde se enmascara su esencia, la cual se hizo con el objetivo de ser observada y penetrada por los ojos de espectadores curiosos, quienes buscan coleccionar o vestir espacios en blanco, quizá con el miedo de comprar algo que no logrará alimentar su sed coleccionista.

El arte se encontraba caminando en la cuerda floja, tambaleándose de lado a lado sin un ápice de equilibrio, donde objetos de arte, esculturas, pinturas, dibujos e instalaciones acostumbradas a ser los protagonistas de una noche de apertura pasaron de ser el centro de atención a ser guardadas y protegidas del polvo de la soledad.

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Con el paso del tiempo en medio de esta pandemia el arte dejó de sentirse, la injusticia de no reabrir espacios que pudieran alimentar la cultura fueron desplazados y reemplazados por bares y discotecas a quienes le dieron prioridad. La COVID-19 no solo ha estado extinguiendo vidas humanas, se encuentra extinguiendo el arte. No obstante, en medio de la situación hubo inspiración producida por la indignación que esto causaba en la mente de los artistas, permitiendo que muchos de ellos realizaran proyectos y obras donde se reflejaba su inconformidad y descontento con el desastre arrasador que ha ido dejando este virus; fue aquí donde una catástrofe empezó a convertirse en oportunidad.

Una vez más el arte en Colombia, logró vestir las fachadas, ventanas, puertas y balcones de las casas de los artistas como espacios de exhibición, bajo el proyecto “Intercambios artísticos en época de pandemia: interior/ exterior”, realizada por el Banco de la República. Esto me recordó la obra “Sillas Vacías” de la artista colombiana Doris Salcedo, instalación que realizó interviniendo la esquina colgando sillas de madera en la fachada del Palacio de Justicia con la intención de recordar lo ocurrido en el año 1985 cuando el M-19 se tomó ese edificio.

El arte ha logrado pelear contra la COVID-19 y se ha mantenido a pesar de los altibajos. La historia no está del todo escrita, permanecerá para seguir culturizando y enriqueciendo como parte de las emociones y sentimientos humanos, es la manera de percibir nuestro entorno (y de explicarnos), que de una u otra manera es la huella que dejamos a nuestro paso.

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