Escrito por:

Angélica Palacios, docente de danza urbana UniPiloto junto a Gloria Rico, Trabajadora Social

Cada que vez que escuchamos la palabra diversidad es común asociarlo a una u otra comunidad, con una orientación ideológica, social, sexual que no es homogénea con el grueso de la composición del resto de la sociedad; en el caso de Colombia desde la reforma constitucional de 1991, este concepto se le pone un apellido; pluriétnico y multicultural y es allí donde regresamos a los orígenes de la población colombiana, la historia de los asentamientos originarios  de las zonas pluriétnicas de nuestro país, la diversidad de dialectos, las distintas castas y las distintas cosmovisiones indígenas, está la parte uno de este rompecabezas cultural donde nos situamos.

Dos, el proceso de invasión del territorio colombiano que trajo consigo la llegada del hombre blanco y sus costumbres que a fuerza impuso sobre las demás comunidades como supremacía de una verdad contada con sesgo, proceso que también desemboco en la perdida de los valores sociales que hasta aquel momento le permitieron al indígena en cualquier rincón de Colombia tener una soberanía sin amenazas, unas libertades sociales, económicas y políticas   que armonizaban con la naturaleza y con la construcción de un tejido social lo bastante fuerte que hasta nuestros días se sostiene como prueba de su poderosa existencia a pesar del exterminio.

Tres, la parte quizás más cruel de este esté sancocho cultural que llamamos patria, el genocidio más grande jamás contado en toda su dimensión, seres humanos tratados como mercancía no igualada ni siquiera con los animales, brutales historias invisibilizadas por el poderío blanco y su enorme sed de poder y dinero a costa de la fuerza de otros, una vez más otra sociedad fracturada en millones de pedazos no solo en Colombia sino alrededor del mundo, los africanos traídos a Colombia y el resto del continente contra su voluntad, nunca nadie les pregunto si querían ser lanzados en una tierra desconocida sin familia, sin su comida habitual sin su clima habitual, sin su religión habitual pero con  el claro objetivo de ser menos que objetos para intercambio comercial, despreciados sus cuerpos  y destruida su composición social.

Este es un pequeño esbozo desde mi perspectiva de las tres categorías ideológicas, políticas, sociales y económicas que dieron origen a las distintas combinaciones étnicas y culturales de lo que podemos conocer como Colombia, el proceso no fue fácil, no fue rápido, pero si de alguna manera mal contado, porque no se tuvo en cuenta las tres partes, no fue una historia contada con tres versiones.

Ha sido una historia dicha desde del dominio, desde el privilegio que tuvieron unos pocos de decidir por otros y sacarlos de las historias, tal vez para que no quedara una versión de los horrores cometidos.

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Se preguntara usted porque me atrevo a contar como una especie de historia macabra alrededor de los orígenes de nuestra amada patria, la razón es que, sino no entendemos lo cruel que fue este proceso no podemos detenernos ni si quiera a pensar en lo que significa un tema que es muy espinoso para el mundo entero en cada rincón donde exista el ser humano distinto a otro: la discriminación, pero entendida desde un límite simple pero complejo como lo ese el color de la piel.

La discriminación étnica y racial tiene sus orígenes en  una concepción mercantilista de los seres humanos, donde las categorías racializadoras dieron origen la desigualdad y al desprecio por los que estaban abajo por considéralos propiedad de otros.

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Desafortunadamente, la lucha de miles de personas alrededor del mundo y el sacrifico de otro tanto de millones, no ha sido suficiente para que acabe esta brecha creada solo con fines comerciales que dio origen a la vulneración, pero también reivindicación de derechos de las personas que se reconocen como descendientes de áfrica, sin distingo de combinaciones posteriores con blancos, con indígenas o los distintos mestizajes.

Al día de hoy ya no vemos personas con grilletes, pero la conciencia social  se empeña en ver a los negros como arrastrando la pobreza, la ignorancia, la falta de capacidades y lo más grave la categoría de No dignidad, traigo todo esto a colación para entender algo en lo que generalmente no se polemiza, no se menciona y por lo tanto poco se estudia, a menos que usted haga parte del conglomerado de personas víctimas de la estigmatización por el color de su piel.

Mi intención con todo este recorrido histórico, político y emocional es centrarme en la educación como eje fundamental para mitigar los estragos psicosociales que deja consigo un sistema estructuralmente racista que le resta posibilidades a las personas negras de tomar decisiones en cada uno de los ámbitos societarios.

Mi intención es también llevar la educación como herramienta fundamental para el conocimiento del otro, de su esencia, de su complementariedad conmigo para construir.

La Editorial C.N.O.A., es un canal de comunicación abierto del pueblo Afrocolombiano, Negro, Raizal y Palanquero. Los artículos publicados aquí manifiestan las opiniones de sus autores/as.

Artículo tomado de https://convergenciacnoa.org/educacion-para-la-diversidad/ y publicado el 20 de septiembre de 2020.

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