Por: María Angélica Palacios Perea, docente de danza urbana

¿Bogotá es maravillosa? ¡Sí! Nacer en una ciudad donde llega tanta gente, de todos partes del país y del mundo, es interesante; se aprende del uno y del otro, se intercambian  modismos,  jergas y formas de vivir; sin embargo, cuando se ha nacido en esta ciudad  y tienes un color de piel diferente, un cabello apretado, nariz y labios grandes que no está dentro del estereotipo de los rasgos propios de oriundo de la capital; y si a eso se le suma tener  formas de vestir diferente, se entra en una especie de conflicto en donde se batalla con aquellas actitudes y aptitudes con las que viene por genética y aquellas que ha impuesto la sociedad y son características de un lugar, ya sea por su clima o por la forma en la que siempre se ha vivido en esa región.

Si a todo lo anterior se le añade el nacer en una sociedad dañada por la rabia, el rencor, odio, ignorancia, irrespeto e intolerancia, el simple hecho de no estar en los “estándares de belleza”, genera una construcción de comportamientos que de una u otra forma defiendan lo que uno es.

Desde pequeña eres la única en un salón, te miran diferente, te señalan y dicen cosas como: “Debe ser buena para el deporte o para bailar”, a lo que mentalmente se responde “pero si también soy muy buena para las matemáticas, sé dibujar y soy muy buena para escribir”. Cuando lanzan interrogantes que más bien parecen afirmaciones relacionadas como “no debe ser de Bogotá”, la mirada extraña se evidencia, la incomodidad por querer ser amable a la vez que uno se defiende, no es precisamente lo que más siente la gente que es muy amigable, es así como empiezan a aparecer las burlas y los comentarios mal intencionados de parte de terceros mientras el auto cuestionamiento redunda en la idea de si ser negra o la única negra está mal; que tener características diferentes está mal, que tus papás están mal y se cae incluso en un proceso de negación complejo de inferioridad.

Por todo esto, crees que necesitas “encajar” bajo las condiciones necesarias, te alisas el cabello, adoptas conductas de otros, vistes diferente, se niega la esencia y hasta se empieza a renegar por ser negra.

Desde el colegio solo te explican lo que vivieron tus antepasados, te hablan de esclavitud, de discriminación y no entiendes por qué. Hablan que la esclavitud fue abolida en 1850 y vez una sociedad que no respeta y por el contrario, parece que no pasa el tiempo y sientes que sigues en un tipo de esclavitud diferente, no te reconocen como cualquier persona y lo peor, ni tu misma te reconoces como negra. Por tantas dudas aprendí a buscar la historia y ver en ella que es el mejor legado de nuestros antepasados para iniciar con el auto reconocimiento, con esa lucha larga que grita libertad.

Con mil preguntas y a la vez un afán por explorar de dónde vengo, mis raíces, mis antepasados, su forma de luchar y ganar visibilidad ante la sociedad, se abren un mundo nuevo de planteamientos y se hacen evidentes los personajes que a través de la historia pelearon, gritaron, movilizaron pueblos enteros y dejaron una importante huella en el reconocimiento de nuestros derechos. Es ahora cuando se entiende que cantantes, políticos, activistas, presidentes, mujeres científicas e investigadoras, entre otras personalidades de piel negra, han hecho que la sociedad empiece a abrir un espacio importante a una comunidad que lo única que grita es igualdad y equidad.

Malcom x, Delia Zapata Olivella, Nelson Mandela, Bob Marley, Panteras Negras, Martin Luther King, Paulina Cuero Valencia y un sin número de personas de tez oscura, son inspiración y motivación para entender que debo seguir con ese legado, reconocerme como negra, que mi pelo no me hace menos, que mi boca y mi nariz son hermosas y valiosas. Tengo los mismos derechos de todos, no tengo que modificar mis rasgos propios de genética, blanquear mi piel para ser aceptada, por el contrario, a partir de lo que soy, puedo aportar para construir una conciencia étnica y proyectar a través de mi seguridad y confianza, la posibilidad de vivir en una sociedad donde prime el respeto, el valor de lo que somos como seres sociales donde todos contribuimos a cuidar nuestro entorno y hacer cada día un mundo más digno para las generaciones venideras.

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“La historia del progreso está escrita con la sangre de hombres y mujeres que se han atrevido a abrazar una causa impopular como por ejemplo: el hombre negro al derecho de su cuerpo o el derecho de la mujer a su alma.”
(EMMA GOLMAN)
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